viernes, 14 de octubre de 2011

ANDRÓMEDA, PEGASO Y CASIOPEA



Y ahora me río al recordar mis nervios y tu portal, cuando tu eras ínsula por conquistar, una tierra prometida de allende el mar, y yo, un pobre marinero muerto de miedo y temeroso de naufragar.

Un flan en busca de la nata, de la guinda y de la taza, aunque la moneda lanzada estaba trucada, ya que tenía dos caras, siempre podía caer de canto en una grieta del asfalto.

Por suerte la música sonó y comenzó la novela, en la portada una silueta me abría al puerta, y me presentaba unas escaleras torcidas que ascendían, hipnotizado seguí a un envoltorio dorado que, de cuando en cuando, se volvía para mirarme de lado.

Hoy alzo la vista y no hay respuestas, las preguntas cabalgan a lomos de la cometa de mi quimera, mientras los recuerdos que me dejas, atan los cabos que me mantienen en tierra.

Cuando el cielo se tizna y se salpica de purpurina, es el tiempo en que todo toma sentido, desaparecen los hilos y aparecen claros los caminos que dibujo uniendo los astros con mi libre albedrío.

Esta noche, aprovechando la luna nueva, le dibujaré a nuestra hija tu silueta sobre la constelación de Andrómeda. Le diré que algún día ella será Casiopea, y yo, yo seré Pegaso, y ese día estaremos de nuevo todos juntos y podremos escribir las páginas que nos dejaste en blanco.  

   

2 comentarios:

Nuda Veritas dijo...

Me da ternura imaginar tus nervios primeros, el temor a lo desconocido que nos atrae irremediablemente.

Muy bella la constelación que nos muestras.

Besitos con el telescopio Hubble.

Fernando Ferrao ]0[ dijo...

Muchas gracias Nuda.

Por cierto ya vi que al final instalaste la mampara este fin de semana.

Buen relato, no te deja frío, eso no ;)