martes, 29 de diciembre de 2009

PRIMER VIDEO CON LA NUEVA CÁMARA

Ayer (día de los inocentes) paseando por el muro pude inmortalizar esta pequeña guerra familiar.


Parece que voy encontrando la configuración correcta para conseguir una buena calidad de imagen.

sábado, 26 de diciembre de 2009

PLAYA ESPAÑA, UNA NEVERA EN LA TIERRA

El aire viajaba con el río, venían de las montañas, uno de las cumbres heladas el otro de sus entrañas. Gélido como el aliento de un muerto, nos sususurró por el cuerpo relatos sombríos que nos dejaron ateridos.

Hicimos parapeto para protegernos: capucha para la cabeza, bolsillos para las manos y movimiento para calentarnos por dentro. Pero frío no tiene prisa, sabe que tiene ganada la partida, nos lanzó una lazada a los pies y dejó que el nudo fuera apretando hasta entumecer.

Como en las películas de vaqueros una corneta rasgó el cielo y apareció la caballería, en forma de rayo de mediodía para cortar la soga que nos constreñía. Libres de impedimento aprovechamos el momento para huir como el viento directos al Galeón para acabar este cuento con un caldo en en cuerpo y una historia en el corazón.




Cielo, mar y río. Fotografía conceptual, al estilo de Toral.

A la caza del surfista a la caza de la ola.


La izquierda y la hierba.

Las olas perfectas de Playa España que nadie ve, ni tú, ni yo, ni él.

Siempre está así cuando no estás tú: hace una hora, con un poco más de agua, ayer en este mismo punto de marea.

lunes, 21 de diciembre de 2009

PASEANDO EL DOMINGO

Un amigo me dejó una cámara de fotos que graba vídeo, para probar el tema del vídeo, pero claro no me pude resistir a tirar unas fotucas, cuando se pase Toral de visita por aquí, ya me contará, seguro que las fotos están desenfocadas, no están centradas, tienen ruido, grano, están quemadas, incluso alguno de estos fallos no tengo nivel ni para cometerlos jejeje. Y lo peor, que la cámara estaba en automático, sólo usé el foco manual.

Tirando del zoom x20, que es lo que más me gustó. Barco a la vistaaa!


Vaya pelea que tuve para sacar las montañas, primero la cámara enfocaba las palmeras, luego los edificios, luego el otro monte, luego todo borroso... hasta que encontré la ruedita del foco manual.


Dadas mis dotes esta es la forma que encontré de sacar guapa a la moza, haciendo un contraRuth.


Seguro que no es la imagen que escogería el Ayuntamiento para promocionar la ciudad, pero es parte de lo que somos, Gijón industrial.


Toral este post te lo dedico, apiadate de mí, cuando vengas por Gijón dame un toque, no pretendo pasarme a la captación estática, pero unas nociones básicas para mejorar los vídeos me vendrían de perlas.
Nota: cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

viernes, 18 de diciembre de 2009

EL JARRÓN PERDIDO


A mitad de recorrido se dividieron sus caminos, uno partió dirección al mar, hacia donde no hacía falta remar, el otro río arriba, donde el dolor emergía.


El mar pasó mil veces por su puerta, pero sin atreverse a entrar.

Marcó su teléfono o tras tantas, pero sin atreverse a descolgar.

Veía avanzar el tiempo, sin poderlo retornar.

Sus olas golpearon en vano el río sin poderlo remontar.

El dolor intentó rebobinar, pero se le secó la tinta, y esa cinta ya nunca más la volvió a escuchar.

Día tras día, año tras año, ponían uno tras otro, cada vez más peldaños. La pelea del orgullo creció alimentada por los daños, en ella perdió todo el mundo, menos el mundo que ganó en orgullo, y siguió caminando erguido otro millón de años.

La marea subió, alimentada por una riada de gotas saladas que transformaron todo el dolor en alas. La pena se diluyó y fluyó risueña en dirección opuesta. A mitad del recorrido se encontraron, y sacaron de sus bolsillos las piezas de un viejo jarrón partido, las pusieron todas juntas e hicieron un bonito jarrón lleno de juntas que lanzaron al río, para poder seguir cada uno su camino.


En el fondo del río hay un jarrón hecho de añicos, en el viven contentos un par de cangrejos con sus hijos cangrejitos. El jarrón nunca nadie más lo vio, pero ahora el mundo es un poco mejor.


martes, 15 de diciembre de 2009

Video del Dia del Surf

Haciendo prácticas con el Adobe Premiere Pro CS3. Tengo en mente un par de clips más creativos que este jejeje.

jueves, 10 de diciembre de 2009

EL CUENTO DE LOS MILLONES DE UNOS Y EL UNO DEL MILLÓN

Mil es mil veces más que uno, un millón es mil veces más que mil.

Millones de unos mirar a miles de miles mirando a un millón, tratando de entender la diferencia entre mil veces uno y mil veces mil.

Si con mil, sobra para sonreír.


domingo, 9 de agosto de 2009

SEMILLAS DE SAL

La marea marca la espera de la ola que no llega.

Una anciana arrastra su viejo vestido gris por la playa, marcando un eterno camino de agua.

El viento susurra historias de la mar, cuentos de naufragos que no sabían nadar.

El arrecife resignado es devorado hasta los huesos por miles de cangrejos.

Un oceano sin principios ni final se traga todo lo que no puede flotar.

Con semillas de sal germinarán algas nada más.


Las gaviotas campas a sus anchas riendo con rencor ¿Cómo pueden reir sin conocer el amor?

viernes, 31 de julio de 2009

EL REFLEJO DE LA VANIDAD

Palabras de terciopelo atragantadas, frases grotescas disfrazadas, promesas profanadas, circunloquios en sus miradas.

Perros que no saben ladrar, diamantes hechos de cristal, amigos con el corazón de metal, lobos rebosantes de amabilidad.

Heridas llenas de sal, cicatrices profundas como el mar, charcos de la sangre de la sociedad que nadie se molesta en saltar.

Miles de corazones gritan, miles quieren escuchar, sólo se oye el silencio del ruido de la ciudad.

La nueva biblia te sermonea en los cortes de publicidad, promesas del cielo en la tierra, sólo con comprar. No te olvides de comprar pilas para mañana "zapear".


Cientos de cuentos pisoteados adoquinan la ciudad, busco con desespero entre sus páginas arrancadas un final. Un anciano se me acerca y me aconseja que deje de buscar, que el espejo no se puede cruzar, pues sólo es el reflejo de la vanidad.

lunes, 8 de junio de 2009

"FAST EXCUSE" A CONCURSO

El video "Fast Excuse" ha sido seleccionado para participar en el concurso de cortos del Festival de Cine de Surf de San Sebastián (SURFILM FESTIBAL). De entre más de 60 películas enviadas desde países de todo el mundo, me han seleccionado para participar en la proyección que tendrá lugar el próximo sábado 13 de junio a las 18:45. La verdad, es que se me antoja toda una experiencia, el verlo en pantalla grande, y sobretodo, poder comprobar la reacción del público. Si alguien está por la zona le animo a acercarse al cine. Más información en www.surfilmfestibal.com

Muy curioso, ya os contaré.

viernes, 29 de mayo de 2009

CULTURA BASURA

Corría el año 1648, España firmaba el tratado de Münster, por el que finalizaba la guerra con los Países Bajos. La república de las provincias unidas fue reconocida como estado independiente y el desgastado ejército Español abandonó la zona. ¿Todos? No amigos, todos no, un joven soldado, natural de Xixón, decidió quedarse a vivir en una floreciente ciudad a orillas del río Amstel. Locamente enamorado de una pelirroja de metro setenta que le sacaba una cabeza, decidió desertar y comenzar una nueva vida junto a su amada. Nuestro intrépido compatriota decidió poner un puesto en el rastro de la ciudad friendo patatas. Las vendía por raciones recién hechas en cucuruchos de papel. Añadió las recetas locales a su oferta culinaria logrando un éxito rotundo. Claro está, le fueronn saliendo imitadores, pero él tenía el ingrediente secreto, un extraño líquido verdoso que les daba a las frituras una textura y sabor incomparables. Era un mejunje aceitunado que le enviaban desde España sus familiares. Estos, contagiados por la buena fortuna que les contaba desde Ámsterdam en las cartas que enviaba, decidieron imitarle en iniciar la venta ambulante de comida para llevar. Añadieron a las famosas patatas unas bolas de carne picada típicas de holanda, que hicieron las delicias de todos los que las probaban. Mil veces interrogados por la receta de aquel suculento manjar siempre respondían que era secreto familiar, pero que era lo que comían los Vikingos antes de zarpar.

Aún hoy en día se puede ver la huella que nuestro emigrante enamorado dejó en aquellas tierras lejanas.



Esta foto fue tomada hace una semana en Ámsterdam (es El País, edición internacional, comprado en la estación central) frente a uno de los múltiples negocios que dan buena fe de la huella que dejó aquel joven Gijonés en la lejana Holanda.

Además, cualquiera que se pase por la "Escalerona" en el muro de San Lorenzo de Gijón, verá dos establecimientos de comida rápida, propiedad de los descendientes directos de aquella familia emprendedora que importó el negocio de la comida para llevar.

miércoles, 13 de mayo de 2009

FAST EXCUSE

Para ser un buen surfista hace falta: velocidad de reacción, capacidad de improvisación y sobretodo, buenos reflejos.




miércoles, 22 de abril de 2009

PEDAGOGÍA

Mientras Fernando Ferrao se afanaba en dar explicaciones a sus alumnos en la orilla, veía por el rabillo del ojo a David Sastre hacer giro tras giro. Sus alumnos atentos a las indicaciones de Fernando, eran totalmente ajenos a lo que acontecía a sus espaldas, hasta que en un momento dado Ferrao les indicó que mirarsen al mar, ya que David se disponía a coger una ola. Todo el grupo se quedó boquiabierto contemplando como en dos décimas de segundo y tres metros de pared hacía dos pedazo de giros a contramano, con una fuerza y plasticidad totalmente contradictorias. Los alumnos se volvieron a su profesor y lo encontraron en la misma posición que lo habían dejado, con el dedo índice apuntando al mar, aunque ahora, no pestañeaba, tenía la mirada fija y los ojos vidriosos. Sus alumnos ansiosos por entrar al agua le preguntaron si ya podían, y Ferrao con voz temblorosa y sin cambiar el gesto sólo atisbó a decir "como Sastre joder, hacerlo como Sastre"

MUCHA PENSIÓN

Si tu calor tiene cuerpo excesivo cógete el mío.

lunes, 23 de marzo de 2009

MUROS

Los viejos muros de piedra se desmoronan, cientos de sueños rotos los coronan, el aliento de millones de almas los presionan, ríos de lágrimas los circundan, erosionando poco a poco sus cimientos y cientos de obreros uniformados rellenan los huecos con armamento, que hacen rugir más y más alto mara mitigar el llanto de los que quieren estar dentro.

Se hacen cuentas de vidas ajenas, etiquetando sin rubor, las de mayor o menor valor. Pobres elegidos, cuan grande debe de ser su dedicación, cuan infinita su bondad para escoger siempre el bien en vez del mal. Cuan clarividentes y sabios que jamás se han de equivocar. Cuan coherentes que recurren a la divinidad, para guiar el camino recto de la sociedad.

Malditos muros opacos forrados de algodón, cuan a gusto me siento en su interior.
Malditos muros ciegos que arropan mi fuego y ocultan el humo del exterior.
Malditos muros egoístas hechos a base de envidias que nos hacen de su condición.
Malditos muros cínicos que hablan de protección y promueven opresión.
Malditos muros soberbios construidos a base de miedos y discriminación.

Malditos muros cómplices hechos a base de balas, que nos dan a escoger entre cañón o culata.

viernes, 13 de marzo de 2009

EN PRIMERA

Al abrir de nuevo los ojos, lo primero que veo es un uniforme azul marino reclinado sobre mí, una blusa blanca trata de escapar de él, pero un pañuelo le corta el paso. En el pecho, una chapa dorada con el nombre de Sandra troquelado en negro sobre una leyenda que reza “Auxiliar de vuelo”. Tiene unos ojos negros enormes, como de dibujo manga, y una mueca alegre por la que se escapa la luz blanca de su alma “¿Qué tal esta usted? ¿Se encuentra mejor?, asentí mudamente por reservar para mí el aliento que me faltaba, mientras trataba de averiguar, primero, donde estaba, luego, lo que estaba pasando y finalmente como había llegado a esta situación, escaso de aire, de pulso y de orientación.

Aquella mañana el despertador decidió dormir más que yo, miré pasmado la hora tratando de asimilar su información, parpadeé con fuerza, con la infantil intención de que al abrir los ojos de nuevo la suma de sus dígitos fuera menor. La cruda realidad se comió mi ilusión, maldije cien veces su estampa y la del chino que me lo vendió, que entre sonrisas y reverencias me decía “buen despeltadol, misma fáblica que Casio, señol”.

Salté de la cama y me metí en el traje que había preparado la noche anterior. Salí corriendo de casa arrastrando una maleta con ruedas, que, ajena a mis circunstancias me siguió resignada hasta el ascensor. En el descenso me anudé la corbata, me abotoné la chaqueta, me atusé el pelo y me ajusté el cinturón, justo cuando frenaba el descenso y yo, esperaba impaciente, que se partiera mi reflejo en dos, para salir disparado por el hall.

En la cafetería de siempre, atendida por el mismo camarero indolente, que en un alarde de sordera perenne, hizo caso omiso, a mí reiterado aviso de temple en la leche del café. Aunque, sólo me di cuenta al quemarme mis labios, de que allí no había más temple que el de él.

Escaldado, me introduje en un taxi en marcha en dirección al aeropuerto, no sé si por celo, por empatía o por estar más quemado que yo, pero el chofer transformó mis palabras de apremio en un acelerón. Perplejo observé como era capaz de tocar el claxon mientras rugía por la ventanilla, de la que se descolgaba, en ocasiones hasta medio cuerpo, para repartir improperios, agravios y adjetivos de baja calificación. Maldijo el denso fluir del tráfico, la inoperancia de los conductores limítrofes y las obras de Gallardón, aprovechando, los escasos instantes que permanecía en el interior, para buscar en el espejo mí mirada cómplice de aprobación. A lo que yo, no podía por más que asentir con gesto condescendiente, ya que me sentía culpable de ser, por lo menos a sus ojos, su instigador.

Finalizado el trayecto me adentré en el aeropuerto, volamos por los pasillos, yo y mí maleta, que hacía las veces de cometa, desde que leí en un letrero, junto al número de mi vuelo, una frase iluminada que decía “Última llamada”. Zigzagueé entre la gente directo a facturación, dejando un estela de disculpas que marcaban mi recorrido, cual baba efímera de caracol, con huellas de “lo siento”, “ostia que no llego” y sobretodo “perdón”.

Comencé la yincana en un mostrador, donde una señorita socarrona me dio la tarjeta de embarque, mientras me informaba con sorna que tenía diez minutos para no perder el avión. Con gran pesar me despedí de la maleta a la que había prometido llevar, pues volábamos en primera, por vez primera, ambos dos, puesto que pagaba la empresa, a la que mi currículo impresionó. Necesitaba llegar a tiempo, por lo que solté lastre temeroso del desastre de no llegar a la reunión.

Libre de rémora enfilé a la siguiente prueba: “Manoseo y Confiscación”. Por suerte no tuve premio y el arco no pitó, así que proseguí hacia la meta recomponiendo mi vestimenta, ante una agente taimada, que con mirada suspicaz, me decía con los ojos, ya volverás.

Pasillos interminables, cruces mil veces señalados, luces de colores y gente, mucha gente. Esquivo, recorto, pivoto y me monto en un pasillo rodante, mientras sigo caminando infatigable. En el pasillo de al lado una señora empuja un bebé metido en un carro. Compruebo con horror que me está alcanzando, no puede ser, aumento el paso pero no la rebaso. Ya, con más orgullo que prisa, me pongo a correr sin que se note como los atletas de marcha, mientras pongo cara disimulada, como de aquí no pasa nada. Pero me sigue a la zaga, se acerca el final, no me puede ganar, aprieto los dientes, frunzo el ceño y enfoco la recta final a mi máxima velocidad. Seguimos a la par, cuando apenas quedan cinco metros, un grupo de viejos ineptos me bloquean la salida, cortándome el paso y convirtiendo así, todo mi esfuerzo en fracaso, amén de hacerme ver cuan estúpido puedo llegar a ser, pues llevado por mi ofuscación recorría el pasillo en contra dirección.

Abandono el artilugio mecánico y corro presa del pánico al oír mi nombre dos veces en el altavoz, primero, una chica en español y luego un guiri, que hablaba más raro que dios, al que apenas entendí mi apellido y una coletilla que decía “last call”. Ya estoy en la Terminal, compruebo los carteles a cada lado, repasando con cuidado su enunciado. Busco con desespero la A 52. A cuarenta y nueve a Almería, hoy no es buen día, A cincuenta a Vigo, cómeme el higo, A cincuenta y uno a Logroño, no me toques el co… A 52 IB6830 BCN “Embarquen” la mía, por fin, enfilo hacia ella un poco más relajado, hasta que veo horrorizado, a la azafata de mi puerta estirar una banda, que a modo de barricada bloquea el acceso de mi vuelo a Barna. Gesticulo y vocifero con desespero "¡Espere que yo voy en ese vuelo!". Justo antes de anclarla levanta la mirada y comprueba estupefacta como corro en su dirección gritando a pleno pulmón “¡ESPERA! ¡ESPERA! ¡QUE VOY!”. Le debí parecer el mayor de los majaretas, y no os quiero ni contar lo que pensaría al final, tras verme tropezar con la moqueta y colisionar con la puerta corredera, que no cumplió su finalidad hasta que no hube rebotado contra el cristal. Igualmente humillado, avergonzado y agradecido por haberme dejado pasar, cojeé por pasillo metálico que une, siempre en pendiente, el avión y la Terminal.

En la puerta, azafato y azafata hacían guardia custodiando los flancos, ella con un aire, airado, él con una cara, encarada y ambos de brazos cruzados. Los sorteé cabizbajo haciéndome el disimulado, pero pude sentir, como dos estacas se clavaban en mi espalda cuando pasaba por su lado. Me siento en mi asiento, me cincho mi cincho y suspiro un suspiro que me deja en calma, por primera vez, en toda la mañana. Cerré los ojos, recosté la cabeza y mi cuerpo con enojo se tomó la revancha. Empezó a temblar por dentro, a palidecer por fuera, me hizo sentir frío, me hizo sentir calor y soltó toda su rabia en forma de sudor. La mirada se me perdió hasta que la encontró la azafata que se me acercó.

-¿Está usted bien caballero?- me preguntó, su voz me sacó del trance y quise mejorar al instante- un poco acalorado señorita pero no es nada- clavó sus ojos en mí y me lo volvió a repetir - ¿Se encuentra bien de verdad? No tiene buena cara –. Su dulce preocupación me sinceró - La verdad que me encuentro un poco mal, no me gusta volar y el día que llevo hoy no acompaña, pero en serio que no quiero nada, de verdad, muchas gracias-. Entonces, muy despacio se reclinó sobre mí, apoyando su brazo derecho sobre el respaldo de mi asiento, justo junto a mi oído, casi tocando mi pabellón auditivo. Su otra mano, la siniestra, que hasta ese momento reposaba en su hombro, se deslizó por la solapa izquierda de su chaqueta, descendiendo lentamente por su torso, recorriendo el contorno de su pecho, hasta la zona más prominente de su figura, desde donde se proyectó, cual pelota de frontón, disparada por la curva de la cesta del lanzador, hasta aterrizar suavemente en mi mejilla, con una dulzura sutil, que me dejó incrustado en la silla, preguntándome ¿Qué pasa aquí?. Clavó su mirada en mí, con aún mayor intensidad y se fue acercando lentamente, más y más. Entonces, me acarició tiernamente la cara y me preguntó directamente al oído, con el susurro más sensual de la película más erótica que jamás haya visto - ¿Está usted seguro, de que se encuentra bien? ¿Porqué no me acompaña y se toma un vaso de agua?-. – Si, si, si, se, se, señorita, balbuceé mientras me desabrochaba torpemente el cinturón de seguridad.

Por muy corriendo que entrara en el avión mentiría si dijera que no me había fijado en ella, pero mentiría aún más, si dijera que me había fijado lo suficiente. De una mujer así, un poco es bastante, bastante es mucho, pero mucho, nunca es suficiente. Me incorporé dispuesto a acompañarla al fin del mundo. Seguí sus piernas por el pasillo, con la cara de Tom Hanks en el papel de “Forrest Gump”. Iba hipnotizado con la cadencia de sus caderas, viendo como su pelo negro, escapaba en forma de cascada del elástico que lo estrangulaba, para bambolearse etéreo a media espalda, siempre en la dirección contraria a la que pisaba, en una persecución absurda de unos glúteos a los que nunca alcanzaba. Al final del pasillo, dobló una esquina y se introdujo en un habitáculo girándose sobre sí, justamente hacia mí, mientras usaba sutilmente sus posaderas, para apartar las cortinas, que flanqueaban la entrada, del compartimiento de las azafatas. Sin dejar de mirarme abrió una botella de agua, rellenó un pequeño receptáculo plástico y me lo brindó. Apuré la ofrenda y noté el agua resbalar lentamente por la pista de arena en que se había convertido mi garganta. Ella había retrocedido y estaba mitad de pié, mitad sentada, en una pequeña encimera que unía las dos paredes de la diminuta estancia. Extendí mi brazo, con gesto de niño bueno que se merecía un caramelo, pues había sido obediente al tomarse todo el néctar del recipiente. Por primera vez apartó la vista y sin decir nada, bajó la mirada hacia una pequeña papelera, que entre sus piernas afloraba. Tragué barro y me acerqué hasta situarme frente a ella. Retrocedió apoyándose con sus manos en el borde hasta que sus piernas quedaron suspendidas, se recogió la falda que se interponía entre el contenedor, el vaso y la trayectoria vertical de su caída. Lo liberé y éste descendió, en vuelo eterno, entre cielo y averno, para aterrizar certero en el agujero. Un brusco movimiento del avión me hizo perder estabilidad, mas sus muslos, con gran habilidad, me afianzaron por las bandas, haciendo presa a la presa para que no pudiera escapar.

Por los altavoces del avión el comandante se dirigió a la tripulación y a todos los presentes anunciando que el despegue era inminente. Cerré los ojos y traté de evadirme, de pensar en otro lugar, de imaginar el destino en vez de el final, un cosquilleo empezó a recorrerme el cuerpo como queriéndose escapar, un rugido en aumento hizo que se tensaran todos mis músculos, traté de tragar saliva pero ya no me queda, mis manos se atenazaron, mis piernas se pusieron rígidas y mis pies apretaron como pisando el freno, o el acelerador. Una presión invisible me mantuvo tenso, mientras el traqueteo aumentaba más y más y más. Finalmente una bocanada de aire me entró por el esófago, directa al estómago haciéndome expulsar nauseas, tensión y todo el ansia acumulada mientras una sensación de ingravidez me hizo flotar las entrañas.

Oigo campanas, parece el timbre de casa, pero de la casa de “Pin” y “Pon”, luego cientos de sonidos metálicos, estallando como una traca de trampas de ratón disparadas sin ton ni son. El breve silencio posterior es barrido por un murmullo sordo, mientras yo, trato de abrir los ojos. Con gran esfuerzo separo mis párpados, que parecen llevar cerrados un millón de años. Una silueta borrosa me habla, aunque no entiendo nada. Mi cuerpo está anestesiado, no puedo moverme ni decir nada, pero entre tinieblas reconozco su cara, es Sandra, le sonrío, pero apenas reflejo una mueca en mi cara. Le digo que es hermosa, que los ángeles tienen su alma y que el diablo querría comprarla, que la dulzura es ella y la sacarina son mujeres operadas. Hablo pero no me salen palabras, sólo ecos vacíos que no significan nada. Me da igual, es Sandra, la misma sonrisa, la misma mirada y el mismo vaso de agua, que de repente me arroja a la cara.

Al abrir de nuevo los ojos, lo primero que veo es un uniforme azul marino reclinado sobre mí, una blusa blanca trata de escapar de él, pero un pañuelo le corta el paso. En el pecho, una chapa dorada con el nombre de Sandra troquelado en negro sobre una leyenda que reza “Auxiliar de vuelo”.

jueves, 26 de febrero de 2009

EL ANCIANO Y SU REFLEJO

En la puerta había una gorra negra y un bastón con los que se atavió frente al espejo del recibidor, se ajustó la bufanda dentro de su elegante americana y le guiñó un ojo al anciano del reflejo, que sonriente le correspondió.
Por la calle se descubrió educadamente ante todas las mujeres que se cruzaban en su camino, alargando el quite, con la picara intención de poder observar mejor a las de mayor esplendor.
Tras varios recortes, un par de verónicas y un más que merecido pase de pecho, entró en la farmacia para canjear la receta, que el urólogo le había dado para su disfunción.

miércoles, 25 de febrero de 2009

EL ANCIANO DEL REFLEJO

En la puerta había una gorra negra y un bastón con los que se atavió frente al espejo del recibidor, una vez ajustada la bufanda dentro de la vieja chaqueta de pana, le guiñó un ojo al anciano del reflejo y este gentilmente asintió.
De camino al parque se descubría educadamente para saludar a cuantas mujeres se cruzaban en su camino y cual torero socarrón, alargaba el quite de cuando en cuando, con la picara intención de observar mejor a las de mayor esplendor.
Tras varios recortes, un par de medias verónicas y un más que merecido pase de pecho, cambió de tercio al encontrarse frente a frente con su gran pasión, la mujer de su vida y su único amor, aquella niña de colegio de la que parecía ayer cuando le enamoró y que hoy, trataba en vano de ocultar su belleza tras unas arrugas y un pelo cano.
Sus miradas cómplices se fueron sonriendo de lejos hasta encontrarse en un abrazo profundo y prolongado, al que el canto oportuno de un ruiseñor teñía de blanco y negro como en las mejores películas de amor, hasta que un policía les interrumpió y en tono firme y desagradable les espetó "!Ya os vale! está toda la peña abajo esperando en el botellón", mientras el Spiderman que le acompañaba le corroboraba "si es que estáis todo el día igual, sois unos empalagosos".

jueves, 12 de febrero de 2009

FANTASMAS MAGROS

Él, lleno de ardor y desprecio, pensaba en el final, ayudado por una espesa niebla que le robaba la luz al día y los colores a su vida, mientras le empapaba a cada paso con oscuros pensamientos que le deprimían. Calado hasta los huesos de preguntas sin respuesta aceleró el paso y trató de darles esquinazo ocultándose tras un cigarro, pero proyectadas en el humo que exhalaban sus labios le atacaron imágenes macabras, de cuerpos mutilados apilados en cajas, de fantasmas magros levitando de ganchos, de aves degolladas que aún caminaban, de excesos olvidados y vicios cotidianos que le perseguían sin descanso para atormentarle a diario, esperando el momento final en que ya no le hiciera efecto el bicarbonato.

viernes, 23 de enero de 2009