domingo, 9 de agosto de 2009

SEMILLAS DE SAL

La marea marca la espera de la ola que no llega.

Una anciana arrastra su viejo vestido gris por la playa, marcando un eterno camino de agua.

El viento susurra historias de la mar, cuentos de naufragos que no sabían nadar.

El arrecife resignado es devorado hasta los huesos por miles de cangrejos.

Un oceano sin principios ni final se traga todo lo que no puede flotar.

Con semillas de sal germinarán algas nada más.


Las gaviotas campas a sus anchas riendo con rencor ¿Cómo pueden reir sin conocer el amor?