miércoles, 31 de diciembre de 2014

2015

Foto: Propia


Yo solo pido un poco del aire que respiro, pues es lo que me falta si no estoy contigo.



LLANTO


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Y ahora paro lágrimas lacerantes, las alumbro una a una con la única anestesia del dolor superior que me apesadumbra, son lágrimas grandes, afiladas como diamantes, lágrimas grandes como puños cerrados que no saben ser manos, lágrimas grandes como los abrazos no dados, lágrimas grandes como los centímetros que estando unidos nos separaron, lágrimas grandes como el abismo entre ahora y antes.

Lloro por dentro mientras le pido una café al camarero, mientras saco dinero del cajero, mientras pido fuego, mientras me acuesto en la cama y me cuento un cuento. Lloro por dentro buscando una mirada que ha sido hallada, lloro por dentro soñando con una caricia que ha sido dada, lloro por dentro para que no veas mi herida, lloro por dentro lo efímero de la vida.

Lloro por dentro para no contarte la mentira de que lloro de alegría, pues es miedo lo que siento ante tanto amor y tan poca vida.


martes, 30 de diciembre de 2014

domingo, 28 de diciembre de 2014

SINGLADURA

Foto: Rodrimm http://ink361.com/app/users/ig-22702453/rodrimm/photos


Son los silencios que nos quedan alambres sin frontera, palabras enredadas en las cabezas que los corazones rotos ya no bombean, palabras que matan por su ausencia, que crean abismos tan profundos como la tierra, son distancia en la presencia y en la distancia quimera.

Son las palabras que no llegan calabrotes de barcos fantasmas por los que los roedores corretean, son noches oscuras en las que ríen las hienas, son vasos llenos de arena que te ahogan y te queman, son los fantasmas que las gotas saladas de mi pena acrecientan y son tumba y condena en las que los gusanos se alimentan.

Oscuro es el túnel de la muerte cuando la muerte es no tenerte, negro es el camino del que no eres destino, aciaga es la esperanza perdida de una vida sin mi vida... seguro de amarte para siempre seguiré la luz de una esperanza ciega, abandonaré la carretera y caminaré descalzo en pos de mi propia esencia buscando sin descanso el paraíso perdido en la tierra.

De las lágrimas de mi sepultura brotarán fuentes de agua pura por las que navegar en pos de la hermosura. Río abajo hay un faro esculpido con las curvas de tu figura, él guiará los pasos firmes de mi nueva singladura.




PIEDRA


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Son los atardeceres de tu pelo cobrizo reflejos de un anhelo infinito. Son los bucles enredados de tus rizos excusas perfectas para encadenarme de por vida contigo.

Son tus pechos que no miro, tus glúteos ante los que no me giro, tu sexo el que ni una vez ni otra, ni nunca jamás me imagino, pasos que caminan el camino cada tarde hasta mi destino.

Y es cuando taconeas cada vez más cerca, cuándo te aproximas bamboleando tu etérea melena, cuándo mi voluntad se quiebra, cuándo se llena mi alma entera con tu presencia y me arrinconas sin aire en mi cuarto tras la puerta.

Cuando los centímetros se vuelven quimera, cuando pensar en hablarte quema, cuando poder amarte está tan cerca, que bien vale la pena volver a esperarte mañana para verte pasar de nuevo por la acera.

Yo, regresaré en silencio hasta mi casa arrastrando una enorme piedra. Poco a poco tallaré en ella tu rostro en otra noche en vela en la que podré decirte sin mentirte que así a mi lado eres perfecta.




viernes, 26 de diciembre de 2014

CENIZAS


Foto: Rodrimm http://ink361.com/app/users/ig-22702453/rodrimm/photos


Con las huellas de tus pisadas marcadas en mi espalda, con un hueco en el pecho con la forma de tu cara, con un reguero de lágrimas que se ahogan en tu mirada y con un baúl de recuerdos afilados como espadas que me trago cada noche hasta el alba.

Lima para mis heridas son tus palabras perdidas, aquellas letras equivocadas que pronunciaste antes de irte de mi casa y que resuenan en mi cabeza como una cantinela macabra.

Y yo, solo quiero amarte, solo eso, solo quiero amarte en silencio, cada noche cuando nos quedamos tú y yo solos compartiendo helados, mordiéndonos los labios, besándonos por la calle de repente sin motivo aparente, o colándonos en los portales cuando no están los porteros para subir al sexto y amarnos deprisa en el rellano, mezclándonos entre jadeos y risas con un frío pasamanos, y luego, luego bajar caminando despacio, saludando entre sonrisas a los vecinos con los que nos cruzamos, disfrutando aún de tu sabor en mis labios mientras tú me cuentas con la caricia de tu mano que podríamos seguir así un millón de años...

Ahora, que solo puedo odiarte todos los días, y no por tus palabras confundidas, cuando me dijiste en mi casa que ya no me querías y que lo sentías, ni por decirme que no era yo que eras tú, ni por soltarme que la culpa era de la vida y que yo no me lo merecía, ni siquiera por asegurarme que no había otra cuando yo ya lo sabía... sino por no dejarme explicarte que ella no te merecía, que la culpa si que era mía y que con tu ayuda todo cambiaría, que te amaba más que a mi vida, que eras mi luz, mi alegría y la persona con la que querría despertarme cada día, que si hubiera algo que perdonar, que sin dudar te perdonaría y que sin dudar te diría que nos volviéramos a amar como lo hicimos en el rellano de aquel viejo portal y que nos besáramos por la calle sin importar el que dirán y que me dejases mirarme para siempre en el reflejo de tus ojos de cristal... te odio, te odio, te odio; te odio, no por irte con otra, sino por dejarme con la palabra en la boca.

No había empezado a rodar mi tristeza por mi rostro aquel aciago día de tu despedida, cuando llamó el monstruo, amenazando, amedrentando, torturando desde la frialdad, diciendo palabras como "comunicar" y hablándome en plural como si no fuera él solo sino que fueran muchos más. Recuerdo que pronunció mi nombre y apellidos para después inventar que los tuyos habían desaparecido, que la calle era de doble sentido, que tu vehículo cambió de camino, que el camionero no pudo evitar el fatal destino y que quién viajaba dentro del coche había fallecido.

Hoy trato de arrancarme todas esas palabras malditas para dejarlas junto a tus cenizas, con la esperanza de que acabe pronto esta pesadilla en la que, cada noche, las ruedas del camión me atropellan, mientras no dejo de pensar que ese día la ibas a buscar a ella.