
Tengo un demonio en cada brazo, un GPS que sólo entiende de atajos y unas botas de 7 leguas que me llevan de charco en charco.
No busco razones en los moratones y de los tropezones me levanto con las manos limpias de conclusiones.
Quiéreme si no te quieres, vete si te quieres quedar, quédate si quieres mirar y mira sin preguntar.
Tengo amigos contados con los que contar, y otros comprados que no puedo ni contar entre la oscuridad.
La noche iluminada por una llamarada transforma las sombras en claridad, olor a carne quemada y mirada de perplejidad.
Me aferro al casco que me dio un bombero a cambio del mechero que me confiscó cuando vino a apagar el fuego.
Ahora ya no bailo con las llamas y me he comprado unas zapatillas para andar por casa, eso si, en el casco tengo cerillas guardadas por si vuelvo a las andadas.
2 comentarios:
Me gustan los juegos de palabras, el decir más de lo que se presume, la ironía sutil y tu corte de mangas disfrazado de poesía.
Pequeños juegos malavares, en los que de vez en cuando, vuelan algunas maldades... tu ya sabes.
Muchas gracias por pasar.
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