martes, 9 de diciembre de 2008

GOMINA

El trecho del dicho cada vez era más estrecho y su trayecto menos derecho. El chivo expiatorio la bebida, el cerebro la vida, y el culpable él y su codicia. Ahora reptaba arrastrando toda la porquería que nadie quería, los ojos piadosos que no lo conocían lo compadecían, los que lo conocían no lo reconocían.

Antes todo era brillo, su pelo repeinado con gomina, su reloj de oro de marca suiza, su móvil de alta tecnología, todo a juego con el platino de su sonrisa, en el que el dependiente experto veían el logotipo de Visa. Sonriendo fue adquiriendo todo lo bueno de la vida, coches, casas y buena comida, entre sonrisa y sonrisa se casó con otra Visa para que le gastara lo que a él le sobraba, como correspondía fue la primera en marchar cuando dejó de sobrar, con ironía alegó que ya no le quería. Dejó de sobrar porque la bola de mercurio en que se convirtió rodaba descontrolada engullendo todo lo que se encontraba, aumentado de tamaño la mitad de lo que aumentaba el daño que infería. Tanto tragó que un día se atragantó y mientras se ahogaba otros como él se peleaban por los pedazos, el resto, encogía los brazos sin entender nada.

Por las calles deambuló, abatido, cabizbajo y acompañado de la mano por un amigo peleón con zapatos de cartón que tan cuadriculado como cabezón no callaba y siempre le pintaba consejos de madrugada para que el rocío los borrara. Con sus palabras aún sonando se acostaba mientras trataba de convertir sus contradicciones en "nana" para no pensar que mañana sería igual que hoy por la mañana. Un día mientras su amigo dormía se levantó sin legañas y descubrió tras la ventana de su barba un mundo sencillo que los hombres complicaban, vio gente sin nada a los que les rebosaba el alma, vio gente forrada vendiendo sentimientos para comprar deseos que nunca se completaban, vio gente que deseaba lo que no necesitaba y gente necesitada a la que nadie deseaba.

Vio que estaba igual de sólo que en los últimos años, salvo por su amigo Simón, lo despertó y desaparecieron de la mano calle abajo.

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