lunes, 23 de marzo de 2009

MUROS

Los viejos muros de piedra se desmoronan, cientos de sueños rotos los coronan, el aliento de millones de almas los presionan, ríos de lágrimas los circundan, erosionando poco a poco sus cimientos y cientos de obreros uniformados rellenan los huecos con armamento, que hacen rugir más y más alto mara mitigar el llanto de los que quieren estar dentro.

Se hacen cuentas de vidas ajenas, etiquetando sin rubor, las de mayor o menor valor. Pobres elegidos, cuan grande debe de ser su dedicación, cuan infinita su bondad para escoger siempre el bien en vez del mal. Cuan clarividentes y sabios que jamás se han de equivocar. Cuan coherentes que recurren a la divinidad, para guiar el camino recto de la sociedad.

Malditos muros opacos forrados de algodón, cuan a gusto me siento en su interior.
Malditos muros ciegos que arropan mi fuego y ocultan el humo del exterior.
Malditos muros egoístas hechos a base de envidias que nos hacen de su condición.
Malditos muros cínicos que hablan de protección y promueven opresión.
Malditos muros soberbios construidos a base de miedos y discriminación.

Malditos muros cómplices hechos a base de balas, que nos dan a escoger entre cañón o culata.

viernes, 13 de marzo de 2009

EN PRIMERA

Al abrir de nuevo los ojos, lo primero que veo es un uniforme azul marino reclinado sobre mí, una blusa blanca trata de escapar de él, pero un pañuelo le corta el paso. En el pecho, una chapa dorada con el nombre de Sandra troquelado en negro sobre una leyenda que reza “Auxiliar de vuelo”. Tiene unos ojos negros enormes, como de dibujo manga, y una mueca alegre por la que se escapa la luz blanca de su alma “¿Qué tal esta usted? ¿Se encuentra mejor?, asentí mudamente por reservar para mí el aliento que me faltaba, mientras trataba de averiguar, primero, donde estaba, luego, lo que estaba pasando y finalmente como había llegado a esta situación, escaso de aire, de pulso y de orientación.

Aquella mañana el despertador decidió dormir más que yo, miré pasmado la hora tratando de asimilar su información, parpadeé con fuerza, con la infantil intención de que al abrir los ojos de nuevo la suma de sus dígitos fuera menor. La cruda realidad se comió mi ilusión, maldije cien veces su estampa y la del chino que me lo vendió, que entre sonrisas y reverencias me decía “buen despeltadol, misma fáblica que Casio, señol”.

Salté de la cama y me metí en el traje que había preparado la noche anterior. Salí corriendo de casa arrastrando una maleta con ruedas, que, ajena a mis circunstancias me siguió resignada hasta el ascensor. En el descenso me anudé la corbata, me abotoné la chaqueta, me atusé el pelo y me ajusté el cinturón, justo cuando frenaba el descenso y yo, esperaba impaciente, que se partiera mi reflejo en dos, para salir disparado por el hall.

En la cafetería de siempre, atendida por el mismo camarero indolente, que en un alarde de sordera perenne, hizo caso omiso, a mí reiterado aviso de temple en la leche del café. Aunque, sólo me di cuenta al quemarme mis labios, de que allí no había más temple que el de él.

Escaldado, me introduje en un taxi en marcha en dirección al aeropuerto, no sé si por celo, por empatía o por estar más quemado que yo, pero el chofer transformó mis palabras de apremio en un acelerón. Perplejo observé como era capaz de tocar el claxon mientras rugía por la ventanilla, de la que se descolgaba, en ocasiones hasta medio cuerpo, para repartir improperios, agravios y adjetivos de baja calificación. Maldijo el denso fluir del tráfico, la inoperancia de los conductores limítrofes y las obras de Gallardón, aprovechando, los escasos instantes que permanecía en el interior, para buscar en el espejo mí mirada cómplice de aprobación. A lo que yo, no podía por más que asentir con gesto condescendiente, ya que me sentía culpable de ser, por lo menos a sus ojos, su instigador.

Finalizado el trayecto me adentré en el aeropuerto, volamos por los pasillos, yo y mí maleta, que hacía las veces de cometa, desde que leí en un letrero, junto al número de mi vuelo, una frase iluminada que decía “Última llamada”. Zigzagueé entre la gente directo a facturación, dejando un estela de disculpas que marcaban mi recorrido, cual baba efímera de caracol, con huellas de “lo siento”, “ostia que no llego” y sobretodo “perdón”.

Comencé la yincana en un mostrador, donde una señorita socarrona me dio la tarjeta de embarque, mientras me informaba con sorna que tenía diez minutos para no perder el avión. Con gran pesar me despedí de la maleta a la que había prometido llevar, pues volábamos en primera, por vez primera, ambos dos, puesto que pagaba la empresa, a la que mi currículo impresionó. Necesitaba llegar a tiempo, por lo que solté lastre temeroso del desastre de no llegar a la reunión.

Libre de rémora enfilé a la siguiente prueba: “Manoseo y Confiscación”. Por suerte no tuve premio y el arco no pitó, así que proseguí hacia la meta recomponiendo mi vestimenta, ante una agente taimada, que con mirada suspicaz, me decía con los ojos, ya volverás.

Pasillos interminables, cruces mil veces señalados, luces de colores y gente, mucha gente. Esquivo, recorto, pivoto y me monto en un pasillo rodante, mientras sigo caminando infatigable. En el pasillo de al lado una señora empuja un bebé metido en un carro. Compruebo con horror que me está alcanzando, no puede ser, aumento el paso pero no la rebaso. Ya, con más orgullo que prisa, me pongo a correr sin que se note como los atletas de marcha, mientras pongo cara disimulada, como de aquí no pasa nada. Pero me sigue a la zaga, se acerca el final, no me puede ganar, aprieto los dientes, frunzo el ceño y enfoco la recta final a mi máxima velocidad. Seguimos a la par, cuando apenas quedan cinco metros, un grupo de viejos ineptos me bloquean la salida, cortándome el paso y convirtiendo así, todo mi esfuerzo en fracaso, amén de hacerme ver cuan estúpido puedo llegar a ser, pues llevado por mi ofuscación recorría el pasillo en contra dirección.

Abandono el artilugio mecánico y corro presa del pánico al oír mi nombre dos veces en el altavoz, primero, una chica en español y luego un guiri, que hablaba más raro que dios, al que apenas entendí mi apellido y una coletilla que decía “last call”. Ya estoy en la Terminal, compruebo los carteles a cada lado, repasando con cuidado su enunciado. Busco con desespero la A 52. A cuarenta y nueve a Almería, hoy no es buen día, A cincuenta a Vigo, cómeme el higo, A cincuenta y uno a Logroño, no me toques el co… A 52 IB6830 BCN “Embarquen” la mía, por fin, enfilo hacia ella un poco más relajado, hasta que veo horrorizado, a la azafata de mi puerta estirar una banda, que a modo de barricada bloquea el acceso de mi vuelo a Barna. Gesticulo y vocifero con desespero "¡Espere que yo voy en ese vuelo!". Justo antes de anclarla levanta la mirada y comprueba estupefacta como corro en su dirección gritando a pleno pulmón “¡ESPERA! ¡ESPERA! ¡QUE VOY!”. Le debí parecer el mayor de los majaretas, y no os quiero ni contar lo que pensaría al final, tras verme tropezar con la moqueta y colisionar con la puerta corredera, que no cumplió su finalidad hasta que no hube rebotado contra el cristal. Igualmente humillado, avergonzado y agradecido por haberme dejado pasar, cojeé por pasillo metálico que une, siempre en pendiente, el avión y la Terminal.

En la puerta, azafato y azafata hacían guardia custodiando los flancos, ella con un aire, airado, él con una cara, encarada y ambos de brazos cruzados. Los sorteé cabizbajo haciéndome el disimulado, pero pude sentir, como dos estacas se clavaban en mi espalda cuando pasaba por su lado. Me siento en mi asiento, me cincho mi cincho y suspiro un suspiro que me deja en calma, por primera vez, en toda la mañana. Cerré los ojos, recosté la cabeza y mi cuerpo con enojo se tomó la revancha. Empezó a temblar por dentro, a palidecer por fuera, me hizo sentir frío, me hizo sentir calor y soltó toda su rabia en forma de sudor. La mirada se me perdió hasta que la encontró la azafata que se me acercó.

-¿Está usted bien caballero?- me preguntó, su voz me sacó del trance y quise mejorar al instante- un poco acalorado señorita pero no es nada- clavó sus ojos en mí y me lo volvió a repetir - ¿Se encuentra bien de verdad? No tiene buena cara –. Su dulce preocupación me sinceró - La verdad que me encuentro un poco mal, no me gusta volar y el día que llevo hoy no acompaña, pero en serio que no quiero nada, de verdad, muchas gracias-. Entonces, muy despacio se reclinó sobre mí, apoyando su brazo derecho sobre el respaldo de mi asiento, justo junto a mi oído, casi tocando mi pabellón auditivo. Su otra mano, la siniestra, que hasta ese momento reposaba en su hombro, se deslizó por la solapa izquierda de su chaqueta, descendiendo lentamente por su torso, recorriendo el contorno de su pecho, hasta la zona más prominente de su figura, desde donde se proyectó, cual pelota de frontón, disparada por la curva de la cesta del lanzador, hasta aterrizar suavemente en mi mejilla, con una dulzura sutil, que me dejó incrustado en la silla, preguntándome ¿Qué pasa aquí?. Clavó su mirada en mí, con aún mayor intensidad y se fue acercando lentamente, más y más. Entonces, me acarició tiernamente la cara y me preguntó directamente al oído, con el susurro más sensual de la película más erótica que jamás haya visto - ¿Está usted seguro, de que se encuentra bien? ¿Porqué no me acompaña y se toma un vaso de agua?-. – Si, si, si, se, se, señorita, balbuceé mientras me desabrochaba torpemente el cinturón de seguridad.

Por muy corriendo que entrara en el avión mentiría si dijera que no me había fijado en ella, pero mentiría aún más, si dijera que me había fijado lo suficiente. De una mujer así, un poco es bastante, bastante es mucho, pero mucho, nunca es suficiente. Me incorporé dispuesto a acompañarla al fin del mundo. Seguí sus piernas por el pasillo, con la cara de Tom Hanks en el papel de “Forrest Gump”. Iba hipnotizado con la cadencia de sus caderas, viendo como su pelo negro, escapaba en forma de cascada del elástico que lo estrangulaba, para bambolearse etéreo a media espalda, siempre en la dirección contraria a la que pisaba, en una persecución absurda de unos glúteos a los que nunca alcanzaba. Al final del pasillo, dobló una esquina y se introdujo en un habitáculo girándose sobre sí, justamente hacia mí, mientras usaba sutilmente sus posaderas, para apartar las cortinas, que flanqueaban la entrada, del compartimiento de las azafatas. Sin dejar de mirarme abrió una botella de agua, rellenó un pequeño receptáculo plástico y me lo brindó. Apuré la ofrenda y noté el agua resbalar lentamente por la pista de arena en que se había convertido mi garganta. Ella había retrocedido y estaba mitad de pié, mitad sentada, en una pequeña encimera que unía las dos paredes de la diminuta estancia. Extendí mi brazo, con gesto de niño bueno que se merecía un caramelo, pues había sido obediente al tomarse todo el néctar del recipiente. Por primera vez apartó la vista y sin decir nada, bajó la mirada hacia una pequeña papelera, que entre sus piernas afloraba. Tragué barro y me acerqué hasta situarme frente a ella. Retrocedió apoyándose con sus manos en el borde hasta que sus piernas quedaron suspendidas, se recogió la falda que se interponía entre el contenedor, el vaso y la trayectoria vertical de su caída. Lo liberé y éste descendió, en vuelo eterno, entre cielo y averno, para aterrizar certero en el agujero. Un brusco movimiento del avión me hizo perder estabilidad, mas sus muslos, con gran habilidad, me afianzaron por las bandas, haciendo presa a la presa para que no pudiera escapar.

Por los altavoces del avión el comandante se dirigió a la tripulación y a todos los presentes anunciando que el despegue era inminente. Cerré los ojos y traté de evadirme, de pensar en otro lugar, de imaginar el destino en vez de el final, un cosquilleo empezó a recorrerme el cuerpo como queriéndose escapar, un rugido en aumento hizo que se tensaran todos mis músculos, traté de tragar saliva pero ya no me queda, mis manos se atenazaron, mis piernas se pusieron rígidas y mis pies apretaron como pisando el freno, o el acelerador. Una presión invisible me mantuvo tenso, mientras el traqueteo aumentaba más y más y más. Finalmente una bocanada de aire me entró por el esófago, directa al estómago haciéndome expulsar nauseas, tensión y todo el ansia acumulada mientras una sensación de ingravidez me hizo flotar las entrañas.

Oigo campanas, parece el timbre de casa, pero de la casa de “Pin” y “Pon”, luego cientos de sonidos metálicos, estallando como una traca de trampas de ratón disparadas sin ton ni son. El breve silencio posterior es barrido por un murmullo sordo, mientras yo, trato de abrir los ojos. Con gran esfuerzo separo mis párpados, que parecen llevar cerrados un millón de años. Una silueta borrosa me habla, aunque no entiendo nada. Mi cuerpo está anestesiado, no puedo moverme ni decir nada, pero entre tinieblas reconozco su cara, es Sandra, le sonrío, pero apenas reflejo una mueca en mi cara. Le digo que es hermosa, que los ángeles tienen su alma y que el diablo querría comprarla, que la dulzura es ella y la sacarina son mujeres operadas. Hablo pero no me salen palabras, sólo ecos vacíos que no significan nada. Me da igual, es Sandra, la misma sonrisa, la misma mirada y el mismo vaso de agua, que de repente me arroja a la cara.

Al abrir de nuevo los ojos, lo primero que veo es un uniforme azul marino reclinado sobre mí, una blusa blanca trata de escapar de él, pero un pañuelo le corta el paso. En el pecho, una chapa dorada con el nombre de Sandra troquelado en negro sobre una leyenda que reza “Auxiliar de vuelo”.

jueves, 26 de febrero de 2009

EL ANCIANO Y SU REFLEJO

En la puerta había una gorra negra y un bastón con los que se atavió frente al espejo del recibidor, se ajustó la bufanda dentro de su elegante americana y le guiñó un ojo al anciano del reflejo, que sonriente le correspondió.
Por la calle se descubrió educadamente ante todas las mujeres que se cruzaban en su camino, alargando el quite, con la picara intención de poder observar mejor a las de mayor esplendor.
Tras varios recortes, un par de verónicas y un más que merecido pase de pecho, entró en la farmacia para canjear la receta, que el urólogo le había dado para su disfunción.

miércoles, 25 de febrero de 2009

EL ANCIANO DEL REFLEJO

En la puerta había una gorra negra y un bastón con los que se atavió frente al espejo del recibidor, una vez ajustada la bufanda dentro de la vieja chaqueta de pana, le guiñó un ojo al anciano del reflejo y este gentilmente asintió.
De camino al parque se descubría educadamente para saludar a cuantas mujeres se cruzaban en su camino y cual torero socarrón, alargaba el quite de cuando en cuando, con la picara intención de observar mejor a las de mayor esplendor.
Tras varios recortes, un par de medias verónicas y un más que merecido pase de pecho, cambió de tercio al encontrarse frente a frente con su gran pasión, la mujer de su vida y su único amor, aquella niña de colegio de la que parecía ayer cuando le enamoró y que hoy, trataba en vano de ocultar su belleza tras unas arrugas y un pelo cano.
Sus miradas cómplices se fueron sonriendo de lejos hasta encontrarse en un abrazo profundo y prolongado, al que el canto oportuno de un ruiseñor teñía de blanco y negro como en las mejores películas de amor, hasta que un policía les interrumpió y en tono firme y desagradable les espetó "!Ya os vale! está toda la peña abajo esperando en el botellón", mientras el Spiderman que le acompañaba le corroboraba "si es que estáis todo el día igual, sois unos empalagosos".

jueves, 12 de febrero de 2009

FANTASMAS MAGROS

Él, lleno de ardor y desprecio, pensaba en el final, ayudado por una espesa niebla que le robaba la luz al día y los colores a su vida, mientras le empapaba a cada paso con oscuros pensamientos que le deprimían. Calado hasta los huesos de preguntas sin respuesta aceleró el paso y trató de darles esquinazo ocultándose tras un cigarro, pero proyectadas en el humo que exhalaban sus labios le atacaron imágenes macabras, de cuerpos mutilados apilados en cajas, de fantasmas magros levitando de ganchos, de aves degolladas que aún caminaban, de excesos olvidados y vicios cotidianos que le perseguían sin descanso para atormentarle a diario, esperando el momento final en que ya no le hiciera efecto el bicarbonato.

viernes, 23 de enero de 2009

Sushi Rollo a la Sidra

Con la tinta las historias salen en blanco y negro, estas os las cuento en cinta que me salen con color.

martes, 9 de diciembre de 2008

GOMINA

El trecho del dicho cada vez era más estrecho y su trayecto menos derecho. El chivo expiatorio la bebida, el cerebro la vida, y el culpable él y su codicia. Ahora reptaba arrastrando toda la porquería que nadie quería, los ojos piadosos que no lo conocían lo compadecían, los que lo conocían no lo reconocían.

Antes todo era brillo, su pelo repeinado con gomina, su reloj de oro de marca suiza, su móvil de alta tecnología, todo a juego con el platino de su sonrisa, en el que el dependiente experto veían el logotipo de Visa. Sonriendo fue adquiriendo todo lo bueno de la vida, coches, casas y buena comida, entre sonrisa y sonrisa se casó con otra Visa para que le gastara lo que a él le sobraba, como correspondía fue la primera en marchar cuando dejó de sobrar, con ironía alegó que ya no le quería. Dejó de sobrar porque la bola de mercurio en que se convirtió rodaba descontrolada engullendo todo lo que se encontraba, aumentado de tamaño la mitad de lo que aumentaba el daño que infería. Tanto tragó que un día se atragantó y mientras se ahogaba otros como él se peleaban por los pedazos, el resto, encogía los brazos sin entender nada.

Por las calles deambuló, abatido, cabizbajo y acompañado de la mano por un amigo peleón con zapatos de cartón que tan cuadriculado como cabezón no callaba y siempre le pintaba consejos de madrugada para que el rocío los borrara. Con sus palabras aún sonando se acostaba mientras trataba de convertir sus contradicciones en "nana" para no pensar que mañana sería igual que hoy por la mañana. Un día mientras su amigo dormía se levantó sin legañas y descubrió tras la ventana de su barba un mundo sencillo que los hombres complicaban, vio gente sin nada a los que les rebosaba el alma, vio gente forrada vendiendo sentimientos para comprar deseos que nunca se completaban, vio gente que deseaba lo que no necesitaba y gente necesitada a la que nadie deseaba.

Vio que estaba igual de sólo que en los últimos años, salvo por su amigo Simón, lo despertó y desaparecieron de la mano calle abajo.

CUENTA CUENTOS

Contando cuentas perdió la cuenta de lo que cuenta, ahora cuenta cuentos sin darse cuenta que algún día deberá de ajustar cuentas.

lunes, 1 de diciembre de 2008

viernes, 14 de noviembre de 2008

HACHA MELLADA

Una estrella fugaz rasgó el firmamento en dos y una luz hermosa se liberó, primero fluyó densa y lentamente como la lava blanca de un volcán de nata. Serpenteando se deslizó perezosa, remoloneando en cada recoveco, lo contemplé fascinado mientras los segundos se llenaban de minutos hasta rebosar.

Súbitamente todo se precipitó, la luz me golpeó con fuerza, era blanca, intensa y pura, tras ella mil mariposas traspasaron la brecha y me envolvieron llenando el aire de colores, llenando mis entrañas de sabores y llenando mi alma de sensaciones. Ella se hizo forma, las mariposas sombra y la luz alfombra por la que avanzó sin caminar, como las olas por el mar.

Sus labios se movieron y pusieron música a las palabras que salían de su mirada, no dije nada, dejé que leyera las historias apiladas en las arrugas de mi cara, que le contaron como había bailado con ángeles negros y con demonios alados, que había traficado con dulces de relleno amargo y comprado cientos de marcos pero ni un sólo cuadro, incluso lo de aquel barco que construí para navegar en un charco.

Nos abrazamos en braille acariciando los anillos que el árbol de la vida nos había ido cargando desde que aquel hacha mellado nos había separado.

Después de un millón de años todo había cambiado, excepto la increíble sensación de tenerte a mi lado.

martes, 14 de octubre de 2008

TAN

Tan bella por fuera como por dentro,
tan fuerte el gozo como el tormento,
tan grande el júbilo como el lamento,
tan dura la espera como el momento.

Para vivir hay que haber nacido primero y haber muerto ciento.

sábado, 27 de septiembre de 2008

BARRO

La bañera rebosaba, humeante la invitó a desnudarse y le tendió la mano para ayudarla a librar el borde, la espuma fue haciendo molde de su silueta mientras se recostaba, hasta acoplar perfecta a su alrededor. Cerró los ojos, soltó un suspiro profundo del que salieron el humo del tráfico, las voces de su jefe y la melodía favorita de su móvil que cada vez odiaba más. Las burbujas aprovecharon su momento y comenzaron a correr, a bailar y a saltar como si fuera la hora del recreo, rozaron y besaron su piel desnuda mientras los pies, recién apeados de los diez centímetros de tortura a los que puntualmente se subían todas las mañanas gimieron de placer, y mandaron un cosquilleo piernas arriba que le recorrió el cuerpo simulando el eco distante de un orgasmo. En ese momento las plantas de sus pies se acordaron de cuando corrían descalzas por la hierba húmeda del parque, sumergida en su mar de sensaciones pudo oler la hierba y oliendo a hierba se acordó también de "la queda", de "la cuerda", del "cascayu" y del barro, del barro en los zapatos, en las manos, en la falda y en los gritos de su madre al llegar a casa ¿Tu has visto cómo vienes? ¿Qué te crees que soy tu criada? las preguntas apenas han cambiado pero las respuestas siguen siendo las mismas. Con una mueca recordó lo que le costaba a su madre meterla en la bañera, y como sacarla le costaba aún más ¡Sal ya que te vas a arrugar entera! le gritaba desde la cocina.

Ahora ya nadie le gritaba. Se miró las manos y vio que estaban arrugadas por ambos lados

lunes, 22 de septiembre de 2008

CHICAS DE CLUB

Abrazos de ojos abiertos con besos dados al viento, diminutivos con eco, escudos en el pecho, apellidos con guión como la conversación.
Blancos los dientes blancos como los blancos a los que lanzan los dardos adornados de plumas y puntas envueltas en gomaespuma.
Sorbos de café engrasan sus armas entre tirada y tirada.
Cegadas de vigas contrarrestan el peso amontonando hebras de paja de sus amigas.

Chicas de club que en vez de cobrar de cada vez cobran a fin de mes.

jueves, 21 de agosto de 2008

CONCURSO DE RELATOS CORTOS

El III Concurso de relatos de viajes 2008 ha seleccionado 31 relatos para publicarlos, han fallado un ganador y dos finalistas. Desde aquí quiero comunicaros que una de las historias de este blog ha sido seleccionada. De entre 162 historias enviadas "Mundo Mágico" ha sido elegida para publicarse en este libro que saldrá a la venta en septiembre de 2008. Si queréis leer más este es el enlace www.vagamundos.net/2008/pagina.php?n=fallo-iii-concurso-de-relatos-cortos-de-viaje-2008

Quiero haceros participes de este pequeño éxito y aprovecho para agraderceros a todos/as vuestra fidelidad.

miércoles, 23 de julio de 2008

DESIERTO

Cantos rodados sus huesos, de humo sus besos, los abrazos de lejos y sonrisas en los espejos.
Realidad distorsionada en la que no falta de nada, vida perfecta siguiendo la recta que dibuja la aguja en la que enhebran sus razones con el tino supino que imponen sus cojones.
En la cuneta corazones, en su alma ratones, en su mirada acordes de canciones sin letra que suenan perfectas en su mente desierta.