Tus ojos son los míos. Una cascada de deseos que se precipitan por mi cuerpo, un grito del libido que me bulle por dentro, un aullido de lobo proyectado al firmamento.
Tus ojos son los míos, y en ellos veo paraísos perdidos en los que encontrarme contigo, recovecos en los que hablar con los dedos y callar con los besos, sinuosos corredores en los que el tiempo corre al ritmo de los choques de nuestros cuerpos.
Tus ojos son los míos, y en ellos veo renglones torcidos escritos con el trazo de la tiza de un niño, veo un velero vestido de retales zurcidos con el hilo del cariño, y veo un camino vacío que quiero llenar contigo.
Tus ojos son los míos y en ellos veo el reflejo de un viejo faro, en el que dos ancianos se cogen de la mano mientras contemplan callados el pasar de los barcos.