El aire viajaba con el río, venían de las montañas, uno de las cumbres heladas el otro de sus entrañas. Gélido como el aliento de un muerto, nos
sususurró por el cuerpo relatos sombríos que nos dejaron ateridos.
Hicimos parapeto para protegernos: capucha para la cabeza, bolsillos para las manos y movimiento para calentarnos por dentro. Pero frío no tiene prisa, sabe que tiene ganada la partida, nos lanzó una lazada a los pies y dejó que el nudo fuera apretando hasta entumecer.
Como en las películas de vaqueros una corneta rasgó el cielo y apareció la caballería, en forma de rayo de mediodía para cortar la soga que nos constreñía. Libres de impedimento aprovechamos el momento para huir como el viento directos al Galeón para acabar este cuento con un caldo en en cuerpo y una historia en el corazón.
Cielo, mar y río. Fotografía conceptual, al estilo de Toral.

A la caza del surfista a la caza de la ola.

La izquierda y la
hierba.

Las olas perfectas de Playa España que nadie ve, ni tú, ni yo, ni él.

Siempre está así cuando no estás tú: hace una hora, con un poco más de agua, ayer en este mismo punto de marea.
