Lo que silba el viento son susurros de otros tiempos, afilados cuchillos de acero envueltos en terciopelo.
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jueves, 4 de abril de 2019
miércoles, 9 de diciembre de 2015
NO TIENE REMEDIO
Y es el tarareo en la ducha el principio y el final, un hogar improvisado al que querer regresar.
Y es que "no tiene remedio, no tiene remedio"
que el corazón tire por el camino del medio,
que las burbujas de miel suban por la piel,
que las gotas de aceite, broten por la frente,
que un rostro extrañado, se extrañe de ser amado, por una mano que en su vientre baila un tango.
Y es que "no tienen remedio, no tienen remedio"
dos cuerpos queriéndose ser amados,
andando un camino que recorren a palpo
sin pretender llegar a ningún lado,
donde cada paso es un orgasmo y cada orgasmo solo es un paso que ya ha sido dado.
Y es que "no tiene remedio, no tiene remedio"
el repiqueteo de las campanas colándose por tu ventana,
los cascos de los caballos trotando por tu cama,
Cuatro ojos y una mirada, veinte dedos y mil ganas,
dos almas cabalgando dos cuerpos desbocados, que se comen a bocados, como peces recién pescados.
Y es que "no tiene remedio, no tiene remedio"
la aguja y el hilo
uniendo lo unido,
dos almas volando desde un mismo nido,
soñando un sueño cumplido, cuyo camino se ha recorrido siguiendo el sonido de un único destino.
¡Qué buen principio para un final!
Dos besos y un mirar,
una llave y un ajuar,
mucho amoooooor
y nada que guardar.
Y es que "no tiene remedio, no tiene remedio, no tiene remedio" ni principio, ni final.
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viernes, 26 de diciembre de 2014
CENIZAS
![]() |
| Foto: Rodrimm http://ink361.com/app/users/ig-22702453/rodrimm/photos |
Con las huellas de tus pisadas marcadas en mi espalda, con un hueco en el pecho con la forma de tu cara, con un reguero de lágrimas que se ahogan en tu mirada y con un baúl de recuerdos afilados como espadas que me trago cada noche hasta el alba.
Lima para mis heridas son tus palabras perdidas, aquellas letras equivocadas que pronunciaste antes de irte de mi casa y que resuenan en mi cabeza como una cantinela macabra.
Y yo, solo quiero amarte, solo eso, solo quiero amarte en silencio, cada noche cuando nos quedamos tú y yo solos compartiendo helados, mordiéndonos los labios, besándonos por la calle de repente sin motivo aparente, o colándonos en los portales cuando no están los porteros para subir al sexto y amarnos deprisa en el rellano, mezclándonos entre jadeos y risas con un frío pasamanos, y luego, luego bajar caminando despacio, saludando entre sonrisas a los vecinos con los que nos cruzamos, disfrutando aún de tu sabor en mis labios mientras tú me cuentas con la caricia de tu mano que podríamos seguir así un millón de años...
Ahora, que solo puedo odiarte todos los días, y no por tus palabras confundidas, cuando me dijiste en mi casa que ya no me querías y que lo sentías, ni por decirme que no era yo que eras tú, ni por soltarme que la culpa era de la vida y que yo no me lo merecía, ni siquiera por asegurarme que no había otra cuando yo ya lo sabía... sino por no dejarme explicarte que ella no te merecía, que la culpa si que era mía y que con tu ayuda todo cambiaría, que te amaba más que a mi vida, que eras mi luz, mi alegría y la persona con la que querría despertarme cada día, que si hubiera algo que perdonar, que sin dudar te perdonaría y que sin dudar te diría que nos volviéramos a amar como lo hicimos en el rellano de aquel viejo portal y que nos besáramos por la calle sin importar el que dirán y que me dejases mirarme para siempre en el reflejo de tus ojos de cristal... te odio, te odio, te odio; te odio, no por irte con otra, sino por dejarme con la palabra en la boca.
No había empezado a rodar mi tristeza por mi rostro aquel aciago día de tu despedida, cuando llamó el monstruo, amenazando, amedrentando, torturando desde la frialdad, diciendo palabras como "comunicar" y hablándome en plural como si no fuera él solo sino que fueran muchos más. Recuerdo que pronunció mi nombre y apellidos para después inventar que los tuyos habían desaparecido, que la calle era de doble sentido, que tu vehículo cambió de camino, que el camionero no pudo evitar el fatal destino y que quién viajaba dentro del coche había fallecido.
Hoy trato de arrancarme todas esas palabras malditas para dejarlas junto a tus cenizas, con la esperanza de que acabe pronto esta pesadilla en la que, cada noche, las ruedas del camión me atropellan, mientras no dejo de pensar que ese día la ibas a buscar a ella.
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