
Tras muchas insinuaciones se quitaron los galones y abandonaron el trono para irse a conocer. Llegó la hora de los leones, hambre de carne y sed de ser.
Miradas empañadas de dos almas empeñadas en frenar el mundo, al menos por un segundo para hacer del duo uno. En ese preciso momento en que se para el tiempo, entras al templo dónde se funden los elementos, agua, tierra y fuego.
Donde la prosa se hace verso, donde las lenguas de todos los idiomas hablan sin comas, donde el aliento es la melodía del encuentro, y dónde de dos gotas nace un universo.